Sexuality Policy Watch [ES]

La guerra en Ucrania y la gestación por sustitución

Por María Luisa Peralta

Activista de Antinatural – Lesbianas por la justicia reproductiva. Trabaja en Akahatá – Equipo de trabajo en sexualidades y géneros.

La guerra en Ucrania ha hecho que muchas personas se enteraran por primera vez de cosas relativas a ese país, que para ellxs resultaron nuevas a pesar de que se tratara de cosas que ya venían sucediendo, como el propio conflicto entre Rusia y Ucrania que ya tiene años. Atizada por los medios de comunicación, que intentan sacar ganancia de la situación, la opinión pública reacciona rápido, muchas veces con poca información sobre el tema es cuestión. Voy a referirme a lo que sucedió en Argentina con la cuestión de esta guerra y la gestación por sustitución. 

Desde hace años ya que Ucrania es uno de los países principales donde se realiza esta práctica, pero la mayoría de la opinión pública argentina lo ignoraba. Lo supieron porque los medios locales, tanto radio y televisión como prensa escrita y portales de internet, dedicaron amplia cobertura a la situación de una veintena de familias argentinas que tenían dificultades para traer al país a sus hijxs nacidxs a través de gestación por sustitución en Ucrania. Rápidamente aparecieron las voces de rechazo de la sociedad en general, y también de una parte del activismo LGTB y gran parte del feminismo. Mucha gente que no tiene la menor idea sobre este tema en particular ni sobre las tecnologías reproductivas o las nuevas configuraciones familiares pero que quiere ponerse moralmente a salvo mostrando toda su indignación. 

Frente a lo que leí, lleno de desinformación, tergiversaciones, comparaciones improcedentes y victimismo, escribo desde un lugar situado, no sólo porque varios de mis amigos son padres a través de la gestación por sustitución sino porque hay cuestiones de prácticas, estigmas, dificultades, discusión de conceptos y posiciones ideológicas que se extienden o se comparten entre todo el universo de la fertilización asistida, que yo misma atravesé. No digo esto para generar simpatías ni mucho menos “pedir comprensión”. Lo digo para explicitar mi lugar de enunciación, un acto de honestidad intelectual que no todxs están dispuestxs a hacer. 

Entonces, entremos a algunas de las cuestiones que han estado dando vueltas y a otras sobre las que hay gran confusión.

Prejuicios arraigados y movilización emocional

La gestación por sustitución no es compraventa de bebés. Seguir diciendo esto, como hacen la mayor parte de los medios masivos y una parte del feminismo y del activismo LGTB, es no saber de qué se trata o tener mala fe. Existe el tráfico de bebés y de niñxs, que ya nacidxs son secuestradxs o son entregadxs por familiares a cambio de dinero por lx niñx en sí, o en ocasiones son arrebatadxs mediante engaños (como decir que nació muertx) a madres vulnerables o a las que se presiona para que lxs entreguen (sin que ellas lxs vendan, pero sí quienes las coaccionan). En la gestación por sustitución en principio no existe ningún niñx: personas adultas manifiestan su deseo de ser madres o padres a través de un acuerdo con otras personas adultas que llevarán adelante los embarazos. Recién ahí se inician los procesos de fecundación y desde el inicio está claro quiénes serán y quiénes no serán madres/padres de esxs niñxs. Esto es justamente de lo que se trata la noción de “voluntad procreacional”: que el ser madre o padre no es mero resultado de procesos biológicos ni consecuencia inevitable de estos; este concepto se aplica en todos los casos de fertilización asistida, toda vez que se utilicen gametas de donantes o donación de embriones. En la gestación por sustitución llamada comercial hay dinero de por medio porque un embarazo siempre implica gastos (gastos médicos, licencias, traslados, etc.) y como compensación por llevar adelante el embarazo, las posibles incomodidades, el posible lucro cesante y los posibles riesgos (sí, porque tal como decimos cuando hablamos de aborto, los embarazos pueden implicar riesgos). En la gestación por sustitución llamada altruista también hay dinero de por medio para cubrir los gastos. 

Por otro lado, es muy preocupante cómo se sigue usando cierto repertorio de vocabulario para referirse al tema, sobre todo por parte de algunos sectores del feminismo que han venido construyendo una subjetividad y una retórica anudada en torno a la figura de las víctimas. Seguir hablando de “compra de niñxs”, “vientre de alquiler”, “madres alquiladas”, “explotación reproductiva”, “quieren bebés rubios”, etc. no sólo es incorrecto sino que además apela a la movilización emocional, la misma táctica que usan los grupos de derecha antigénero antiderechos, tanto religiosos como laicos. Todxs lxs que dicen que esta práctica es una aberración, recuerden que aunque ahora nos manden a adoptar hasta hace pocos años se consideraba una aberración que las personas LGBT lo hiciéramos o que las personas con discapacidad, especialmente intelectual o sensorial, tuvieran hijxs a través de relaciones sexuales. 

Es notable cómo se utiliza el argumento de que se trata de un contrato para repudiar la práctica. Sin embargo, esto es banal: el matrimonio también es un contrato y lejos de repudiarlo por eso, a la mayoría les encanta y aparece como gran logro de la agenda LGTB (tácitamente conservadora) la sanción de leyes de matrimonio igualitario.  

Mucha gente que no tiene idea de cómo es el proceso de la gestación por sustitución monta su indignación sobre el eje racial: afirman que quienes quieren tener hijxs de esta manera buscan a las ucranianas porque quieren niñxs blancxs y rubixs. Pero no es cierto: lo hacen en Ucrania por cuestiones legales y de costos. Desde hace unas décadas, los óvulos no son de la gestante, sino que son de bancos de óvulos (donantes anónimas) o de conocidas de lxs madres/padres comitentes. Hasta hace no mucho tiempo, el lugar principal donde se hacía gestación por sustitución era India. Las condiciones para muchas gestantes no eran buenas porque quedaban bajo el control de las clínicas y agencias, con libertades restringidas y una intromisión abusiva sobre sus vidas, incluida su dieta. Muchas lo hacían en secreto, porque serían repudiadas por su entorno si se sabía lo que estaban haciendo. A veces, algunas mujeres lo hacían para pagar las dotes de sus hijas para que se pudieran casar. El problema en India no es la gestación por sustitución: es el nivel atroz de misoginia general que llevó a la prohibición de revelar el sexo de los fetos en las ecografías para evitar los abortos selectivos y que es la causa de que no se logren bajar las tasas aún tremendas de infanticidios de niñas. Como muchos gays iban a India, se modificó la ley y se prohibió que los gays pudieran hacer estos acuerdos. No cambió en nada la situación de las mujeres de India, porque la homofobia nunca soluciona la misoginia. Posteriormente se prohibió a cualquier persona extranjera hacer acuerdos de gestación por sustitución en el país. También en Tailandia se prohibió que lo hicieran extranjerxs. Pero se hace gestación por sustitución para personas del extranjero en México, por ejemplo. 

En Argentina, la legislación sobre tecnologías reproductivas y formas familiares es muy abarcativa. Además, el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, que entró en vigencia en 2015, contempla numerosos avances, incluyendo la incorporación de la voluntad procreacional como fuente de filiación para los casos de reproducción médicamente asistida. Sin embargo, la gestación por sustitución quedó afuera del texto del código debido a las presiones de la Iglesia Católica. A pesar de eso, se hace gestación por sustitución en el país. Ahora el procedimiento más estandarizado en la mayoría de las provincias es comenzar pidiendo autorización a unx juezx, ante quien se presentarán luego del nacimiento para que ordene la inscripción de lx niñx como hijx de quienes manifestaron voluntad procreacional y no de la gestante (ni de lxs posibles donantes de gametas). En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires este paso ya no es necesario. Argentina lleva muchos años registrando a niñxs nacidxs a través de gestación por sustitución en el extranjero. Todo lo que tiene que ver con la inscripción de niñxs está fuertemente influido por la historia de la apropiación de niñxs durante la última dictadura militar y el posterior trabajo titánico de las Abuelas de Plaza de Mayo para encontrarlxs. 

Para poder pensar en serio en temas complejos como este, hay que dejar de aplicar el modelo de la pobre víctima explotada que debe ser rescatada tan instalado en un gran sector del feminismo. Y hay que dejar de usar comparaciones que no corresponden, como los embarazos forzados por violación o las mujeres a quienes les quitan sus hijxs. Es como cuando se discute el derecho a la identidad de personas concebidas con gametas de donantes anónimos comparándolo con la situación de lxs hijxs de detenidxs-desaparecidxs apropiadxs durante la dictadura del ‘76. De nuevo, es ignorancia, mala fe o intención de agitar el factor emocional como táctica de manipulación. Son situaciones muy distintas. Las mujeres que llevan adelante embarazos para otras personas no son víctimas, no están siempre en la extrema pobreza (lo hacen mujeres pobres y también de clase media), en situaciones de gobierno civil democrático no son obligadas (menciono esto debido a una situación que sucedió en Nigeria, producida por las mismas bandas armadas que secuestran niñxs para ser soldadxs), y sobre todo: no son madres de esos fetos/bebés. Cuando se les da oportunidad de hablar y ser escuchadas, ellas mismas lo dicen claramente. Uno de los motivos por los que no se sienten madres es porque han pensado mucho antes de ofrecerse como gestantes sustitutas y porque los óvulos que se fertilizan in vitro no son suyos, y de hecho ese es precisamente uno de los motivos por los que se utilizan óvulos de otras mujeres donantes. Y muchas de ellas, incluso cuando reciben una compensación, dicen que sienten satisfacción porque están ayudando a otrxs a tener lo que ellas ya tienen. Vale aclarar que todas las mujeres que van a llevar adelante embarazxs ya tienen hijxs, y si bien se puede decir que es una demostración de su capacidad gestante esto también disminuye el apego con el feto que se está gestando; un embarazo es un proceso que afecta integralmente y puede ser muy movilizante para quien lo está llevando adelante, por eso no es lo mismo atravesarlo por primera vez que hacerlo habiendo tenido ya la experiencia (a pesar de que cada embarazo es singular). No es incompatible recibir dinero por una tarea y al mismo tiempo sentir la satisfacción de estar ayudando a otrxs, mucha gente está en esa situación, como médicxs, enfermerxs, docentes, bomberxs (aunque muchas veces se use el factor del altruismo o la vocación para justificar la mala paga de estas profesiones). 

Retomo el punto de que las mujeres gestantes no son madres a las que les quitan “sus hijxs” porque hay que ser consecuentes con lo que se dijo cuando se apoyaba la legalización del aborto: estar embarazada y gestar no es sinónimo de ser madre. Y a la inversa: no es requisito gestar para ser madre. Insistir en que las subrogantes son madres de esxs bebés es también negar que la maternidad sin gestación es una maternidad real. Eso cae sobre las mujeres adoptantes (cis, trans, hétero, lesbianas, bisexuales), sobre las lesbianas/bisexuales no gestantes en comaternidad, sobre las mujeres trans en maternidad con hombres trans gestantes o en comaternidad con lesbianas/bisexuales cis gestantes. Es necesario darse cuenta de cómo en estas afirmaciones se está acudiendo a reforzar miradas biologicistas, que omiten los posicionamientos subjetivos, los deseos, los proyectos de vida, la voluntad procreacional. Llevar hasta sus últimas consecuencias aquel lema feminista de “la biología no es destino” y pensar profundamente sobre todo lo que implica es más importante que nunca en pleno siglo XXI, un siglo de donde la biología y las biotecnologías tienen un lugar central. 

Donantes y receptoras de óvulos

Por otro lado, las donantes de óvulos suelen quedar fuera de la conversación sobre gestación por sustitución porque se pone el foco en la gestante para agitar el escándalo emocional. Sin embargo, hay que hablar de ellas. La donación de óvulos es un proceso potencialmente riesgoso, como lo es siempre la estimulación ovárica ya sea para obtener ovocitos para usarlos una misma de inmediato o en el corto plazo, para criopreservarlos para una maternidad propia diferida, o para donación a tercerxs.  ¿Quiénes son las donantes de óvulos? Acá sí tiene más peso la cuestión de la “racialidad” y en los países occidentales “blancos” o “blanqueados” y con poblaciones mixtas y heterogéneas se suelen buscar donantes blancas, rubias y/o de ojos claros. Lo mismo pasa con los donantes de esperma. Sin embargo, esto no significa que la gente que usamos gametas donadas seamos más racistas que el resto: esa denuncia moral que se escucha todo el tiempo lo único que hace es estigmatizar a las personas que recurren a cualquier técnica de fertilización asistida con gametas donadas, en vez de hablar del racismo instalado socialmente y de su persistencia estructural, del que participa la mayor parte de la sociedad de una u otra forma. La gran mayoría de la gente que acusa al rubio famoso por tener un hijo rubio mediante gestación por sustitución no quiere hablar de que ellxs tampoco se enamoran, tienen sexo con o presentan a sus familias y amigxs a personas de cualquier aspecto, con cualquier color de piel y rasgos. Simplemente no es cierto, pero se escudan en el amor: se enamoraron y justo fue de unx rubix blancx. Por no hablar de enamorarse, tener sexo con o presentar a las familias y amigxs a alguien con discapacidad. ¿O es que acaso alguien cree que lxs bancos de gametas aceptan como donantes a personas con algún tipo de discapacidad? No aceptan a personas diabéticas o epilépticas, sin ir mucho más lejos. Son estigmas y prejuicios de lxs que participa la gran mayoría de la sociedad, no solamente lxs que usamos gametas donadas. Y esto ha quedado muy en evidencia en el famoso caso de 2002, cuando todo Inglaterra reprobó a una pareja de lesbianas sordas que acudieron a un amigo sordo para que fuera su donante de esperma luego de no haber encontrado donantes anónimos sordos en los bancos que habían consultado. 

Retomando la pregunta sobre ¿quiénes son las donantes de óvulos?, nos encontramos con que se cae el esquema de la mujer en extrema pobreza que es explotada. Justamente porque pesa la blanquitud. En y para los países occidentales y blancos o mestizos, suelen ser mujeres de clase media baja o clase media precarizada o mujeres pobres blancas. Así, en Estados Unidos la gran mayoría de las donantes son mujeres jóvenes universitarias precarizadas que no ganan lo suficiente para pagar la universidad. El problema no es sólo el machismo: es también el capitalismo que deja a tantas personas sin servicios públicos, como la educación (incluyendo la universidad), y sin empleos que den tranquilidad económica. En España sucede algo parecido.

Luego hay otra pregunta: ¿quiénes reciben óvulos donados? No solamente quienes participan de la gestación por sustitución, sino una cantidad inmensa de mujeres que utilizan fecundación in vitro y son ellas mismas las que llevan adelante el embarazo. Por ejemplo: mujeres con baja reserva ovárica que se agota pronto; mujeres con cuyos óvulos no se logra la fecundación (por distintos motivos); mujeres que atravesaron un cáncer pero que no pudieron preservar sus óvulos; mujeres portadoras de determinadas mutaciones genéticas o modificaciones cromosómicas; mujeres intersex con útero pero sin óvulos, y en Argentina, por disposiciones legales, cualquier mujer que quiera embarazarse después de los 44 años y que no haya criopreservado sus propios óvulos antes de esa edad. La utilización de óvulos de donante se ha extendido ampliamente desde que se pusieron a punto a las técnicas para criopresevarlos. 

Como se dijo arriba, entre las personas que acuden a que las gestantes subrogantes lleven adelante el embarazo de sus hijxs, se encuentran también mujeres intersex, en general mujeres cis heterosexuales intersex (y en pareja). Es pertinente mencionarlas porque una gran parte de quienes tienen escándalo moral por la gestación por sustitución se congratulan a sí mismxs por ser muy incluyentes y han añadido el término intersex a la lista de sujetxs incorporadxs en sus reivindicaciones, por ejemplo en Argentina una buena parte del feminismo ahora nombra a las mujeres intersex. Es válido preguntarse si han hablado con personas intersex para conocer sus vidas, sus necesidades y la agenda de su movimiento. 

Problemas migratorios también en la gestación por sustitución

Los medios de comunicación hicieron una cobertura sensacionalista sobre las familias argentinas que estaban varadas y no podían regresar al país con sus hijxs debido a la guerra. Los problemas migratorios de las familias cuyxs hijxs nacieron mediante gestación por sustitución fuera del país de lx(s) madre(s)/padre(s) no surgieron con la guerra en Ucrania. Probablemente eso sea así para lxs argentinxs que aparecieron en televisión, porque Argentina hace muchos años ya que registra como argentinxs, con la filiación de lxs madres/padres comitentes y expide DNI para estxs niñxs nacidxs en el extranjero. Pero no es cierto, por ejemplo y entre otrxs, para lxs españolxs: España también tiene la pose moral contra la gestación por sustitución y la prohibió en su territorio (para “proteger” a las españolas). Cuando ciudadanxs españolxs tienen a sus hijxs mediante gestación por sustitución en el extranjero, no les dan la nacionalidad para lxs niñxs, no les expiden documentos de identidad y lxs padres/madres no pueden volver al país con sus hijxs. Algunas familias han pasado dos, tres o más años en Ucrania o en otros países esperando una solución del Estado Español. Es llamativo cómo los países ricos “deslocalizan” todas las actividades que consideran conflictivas para que no se desarrollen en su territorio, pero se desentienden de lo que pase en los demás países. No les importa si una práctica que reprueban se hace en otro lugar afectando a otras personas, les importa que no sea en su país. En las redes sociales y en los comentarios de los portales de noticias, una gran cantidad de personas mostraron su “escándalo moral” frente a la gestación por sustitución burlándose de la situación de las familias varadas. La gente que se burla de estas familias posa de ser moralmente superiores e insinúan que estas madres y padres merecen todo el desprecio. Simplemente, quienes hacen eso están mostrando que son indiferentes al sufrimiento ajeno, incapaces de escuchar las historias de otrxs y sobre todo que esxs chicxs tampoco les importan. 

“¿Por qué no adoptan?”

Una y otra vez, cuando aparece algún tema ligado a alguna forma de reproducción que no sea a través de relaciones sexuales entre personas cis heterosexuales, reaparece la interpelación “¿Por qué no adoptan?”. Esto se les dice a todas las personas que utilizan alguna forma de tecnología reproductiva, incluso desde sectores del feminismo porque siguen pensando que se trata meramente de un encarnizamiento terapéutico para “cumplir el mandato patriarcal de maternidad”, aunque ahora hay una tendencia a poner la invalidación en términos de clase o de medios económicos: buscar hijxs a través de tecnologías reproductivas sería un capricho de gente que lo puede pagar. No importa que los datos no sostengan esa hipótesis, ni importa tampoco la enorme cantidad de reclamos que han hecho personas en numerosos países para que la salud pública, la seguridad social o los seguros de salud extendieran la cobertura a la reproducción asistida justamente porque estaba fuera del alcance económico de la mayoría de quienes querían acceder a ella. 

Hay algo delicado en esa pregunta lanzada como reprimenda moral, y es que encierra cierta mirada utilitaria o despersonalizada sobre lxs niñxs y adolescentes que esperan ser adoptadxs. Lxs chicxs que están en adopción no pueden ser utlizadxs para tranquilizar la conciencia de lxs “bienpensantes” que abominan de la gestación por sustitución. Son chicxs que tienen el derecho a ser adoptadxs por madres y padres que están convencidxs de lo que hacen, que tienen la capacidad afectiva de adoptar y que lo toman como proyecto de vida, no por parte de gente que no había decidido adoptar o que no está preparada para hacerlo pero lo hace porque le prohíben otra cosa. Eso probablemente no resultaría bien para ninguna de las partes, y quizás engrosaría los números de esas dolorosas historias de niñxs y adolescentes que son “devueltxs” por quienes lxs iban a adoptar. 

Una de las críticas recurrentes a la gestación por sustitución es que las mujeres gestantes por lo general están en situaciones socioeconómicas inferiores que lxs madres/padres comitentes. Así y todo, eso no significa que las personas pobres no tienen agencia. Negar su capacidad de agencia, incluso habiendo condicionantes socioeconómicos, es dejarlxs en un lugar muy subalterno e infantilizado. Es una discusión que tiene paralelos con la que se desarrolla en torno al trabajo sexual. Por otro lado, el vector de clase es el mismo en la adopción, aunque se evita hablar de eso cuando se quiere atacar la gestación por sustitución. Socialmente la adopción está romantizada justamente porque se la piensa como que personas de clase media o alta son generosxs salvadores de niñxs pobres que así tendrán una oportunidad (no digo que lxs adoptantes se vean así a ellxs mismxs, quiero dejar claro, sino que es un prejuicio social). Las presiones de la pobreza pueden ser incluso mayores para la adopción: esxs chicxs ya existen (no como en la gestación por sustitución donde el embarazo es posterior al acuerdo) y las familias de origen pueden no tener recursos para mantenerlos, sobre todo si se trata de mujeres jóvenes que están solas (especialmente cuando no hay acceso legal al aborto, como fue el caso en Argentina antes de diciembre de 2020) y pueden ser presionadas para darlxs en adopción (sobre todo si son mujeres jóvenes vulnerables que pretenden abortar y caen en manos de grupos antiderechos religiosos o laicos, que llegan hasta a engañarlas para que sigan adelante con el embarazo diciendo que lxs niñxs serán adoptadxs por familias que lxs cuidarán pero llegado el momento del parto eso no sucede y la mujer debe hacerse cargo de la criatura, sin medios suficientes y sin que haya sido su proyecto de vida).

El peso social de la biología y del biologicismo

Para cerrar, quiero retomar la cuestión de la biología. A las personas que recurren a la gestación por sustitución se las ataca por querer tener hijxs que tengan sustancias biogenéticas compartidas con ellxs, y lo mismo se hace en general con todas las personas que recurrimos a cualquier forma de fertilización asistida. Nos acusan de biologicismo y nos mandan a adoptar para demostrar que somos capaces de algo “moralmente mejor”. Merece ser remarcado que esto lo dice sobre todo gente que nunca pensó en adoptar y que tiene hijxs con quienes comparten genes o que hablan constantemente de sus familias poniendo énfasis en los rasgos biológicos: si es la blanquitud, si es la negritud, si la ancestría en algún pueblo originario, si el color de los ojos, si la forma de la nariz, si la estatura o el cabello, incluso si la propensión a tal o cual enfermedad. Los tests de ADN directo al consumidor para indagar parentescos y ancestrías por cuenta propia (sin un acompañamiento de asesoría genética que ayude en la interpretación de los resultados) son un súper éxito comercial, así como algunas series y películas sobre lo mismo. Al decir esto no pretendo atacar a nadie sino lo contrario: hay que reconocer que lo biológico sigue teniendo mucho peso en la sociedad general, sigue siendo muy importante para mucha gente al punto que se toleran violencias extremas en nombre de que es la “sangre de mi sangre, mi familia”. De hecho, las personas que armamos configuraciones familiares diferentes de la familia heterosexual basada en parejas monogámicas con hijxs en común genéticamente ligadxs a ambxs tenemos muchas dificultades para el reconocimiento social y legal justamente por las argumentaciones sobre fundamentos biológicos. Ideas que le complican la vida a mucha gente: hace unas décadas, Mariela Muñoz soportó con una determinación increíble la repetida negativa de los jueces a reconocer su identidad de género alegando que sus cromosomas no habían cambiado. Mariela fue madre de más de 20 hijxs adoptivxs, que a diferencia de los jueces nunca dudaron de que ella era su madre, una mujer transexual. Hoy, los argumentos biologicistas están en manos no sólo de la derecha que ataca a nuestras familias sino en manos del feminismo radical que, además de ser transexcluyente, se opone tenazmente a la gestación por sustitución y a la donación de óvulos basándose en supuestos esencialistas y en la idea de “las pobres mujeres víctimas indefensas explotadas por los pérfidos hombres” (y que ellas van a rescatar). Entonces, no sirve de mucho levantar un dedo acusador de biologicismo contra las personas que recurrimos a alguna forma de fertilización asistida, incluyendo la gestación por sustitución, y en cambio sería mucho más útil una conversación real sobre el peso social que para bien o para mal tiene la biología en muchos aspectos de la vida cotidiana de todas las personas y cuáles son las bases culturales, históricas, políticas e ideológicas de ese peso social. 

Por supuesto, hay situaciones de abuso, de distinto tipo, como también las hay en muchas otras instancias de la vida. Es importante remarcar que muchas veces en los acuerdos de gestación por sustitución no está negociado quién toma las decisiones, sino que se impone de facto un desequilibrio de poder para decidir por ejemplo si se hace un aborto parcial en caso de embarazo múltiple, quién y cómo decide sobre los controles médicos, la alimentación, si se hace o no cesárea (muchas veces sin motivos médicos), etc. ¿Desde qué punto de vista se determina qué riesgo es aceptable, qué es mejor, qué es más conveniente? La única forma de evitar o disminuir los abusos sobre las gestantes, las donantes de óvulos, las madres y padres, garantizar los derechos humanos de lxs niñxs y de las demás partes involucradas y de regular la actividad de médicxs, centros de fertilidad y agencias es legislar de la forma más precisa posible y con la participación real y efectiva de todas las partes interesadas. Las posturas que pretenden prohibir la práctica desde la indignación moral sólo aumentan el estigma sobre las gestantes y las madres y padres comitentes, además de contribuir a que no haya una exigencia de legislación y de favorecer la clandestinidad y con ella los abusos que toda clandestinidad propicia y la falta de instancias de denuncia y control. 

Hace falta menos estigma y más legislación.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir al contenido